UN DÍA DE LLUVIA
Era una día parecido a todos, llevábamos tres meses de verano, no había caído ni una gota de agua en todo este tiempo, el calor era muy sofocante, en todas estas noches no se había podido dormir con gran placer como de costumbre, ya que el calor en las noches también era muy impresionante puedo decir que hasta tocaba dormir algunas veces en el suelo.
En las mañanas antes de salir al colegio solía bañarme con agua fría que solo en la mañana era de una temperatura muy baja, pero lo malo era que apenas te bañabas te empezaba a hacer calor nuevamente ya en el colegio el dolor de cabeza era insoportable el calor chamuscaba tu cabeza, te hacía perder la concentración, solo te hacía pensar en bañarte y a esto tenias que aumentarle los gritos de tu profesor , al llegar a casa lo único que pensaba a hacer como de costumbre era ir al rio, que por cierto estaba ya muy seco y el agua ya no era la misma refrescante y cristalina de aquella, es mas esta estaba muy tibia y sucia, después del rio el plan mas bacano era tomarnos un helado de donde doña Sol.
En la tarde cuando llegabas a tu casa y encendías la radio, las campañas publicitarias solo te hablaban sobre el calentamiento global, el ahorro de agua, sobre reciclar y cosas para salvar nuestro mundo, pero lo malo es que siempre te ibas a encontrar personas inconscientes que pensaban que el mundo les iba a durara toda la vida y no creían capaz de que este planeta se acabaría simplemente porque se votara un papelito
Ya un poco más tarde solías jugar futbol con tus amigos, pero como el clima estaba muy caliente no podíamos hacerlo bien ya que por supuesto te cansabas muy rápido y además sudabas como si te estuvieras bañando, ya en las noches te tocaba volverte a bañar para hacer tus tareas ya con la mente un poco más fresca.
Pero como bien saben los domingos para las madres en imperdonable ir a misa y que me perdone Dios, pero esas misas fueron las peores misas de toda mi vida ya que el padre con su sermón de siempre hacia que tu cabeza te doliera mucho por el calor.
Y era así como finalizaba una larga semana de verano en esta época.
Un día normal saliendo al rio nos sorprende ver algo que no habíamos visto ya hace mucho rato, si, era la montaña del churumbelo tapada en niebla completamente, nosotros no lo creíamos, ya que en mi pueblo hay un dicho que además es muy cierto que dice (churumbelo nublado, Mocoa mojado). Además de esto empezábamos a sentir relámpagos, pero aun no lo podíamos creer hasta que sentí en mi hombro derecho una gran gota de agua que después se convertiría en millones de millones de gotas de agua que estaban cayendo en el pueblo después de más de tres meses largos de intenso y sofocante verano.
Este día también sirvió para que las personas que eran muy inconscientes con el planeta se dieran cuenta que le estaban haciendo un daño al pueblo y empezaran a poner un granito de arena para poder salvarlo.
Obviamente desde aquel día las cosas en mi pueblo volvieron a ser como antes como las mañanas de lluvia y las tardes de sol, me acuerdo tanto de estos días que en las mañanas antes de ir al colegio esperando el bus nos empapábamos casi completamente y en el colegio nos poníamos a jugar hasta quedar empapados completamente, con decirles que la gripa era muy común en estos tiempos además los profesores eran mas vagos ya que por la lluvia nunca llegaban, lo bueno era que apenas terminaba la jornada escolar empezaba a hacer un sol radiante que le arreglaba la tarde claro hasta llegar a tu casa cuando tu mamá te esperaba con el regaño que decía (hay mijitico yo al colegio a que lo mande, a jugar, o a enfermarse heee; después no me vaya a estar diciendo mami tengo gripa jaaa porque le doy palo corrido) después del regaño hacías las actividades que normalmente hacías pero en distinto orden que era primero hacer tareas, juagar futbol y después ir al rio, días de sol y lluvia fueron los mejores vividos hasta ahora.
Además los domingo la misa ya no era tan aburrido porque la recibías en una lluvia impresionante, claro aunque también habían días buenos en los que no se iba a misa.
Y es así como termina mi historia entre gotas y rayos de sol, con tres meses esperando con gran entusiasmo un día que por fin llego que volvió a mi pueblo más consciente del daño que se le estaba haciendo.